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Sobre mí 2017-10-04T07:03:44+00:00

Sobre mí

Quién soy:

Desde cuando era pequeña tenía afición a los “por qué”. No bastaban los más lógicos e inmediatos. No bastaba que la razón del movimiento de las nubes fuera “el viento”. Lo que quería saber era por qué el viento hace mover la nubes.

Uno de los por qué que recuerdo más intensamente se refiere a un regreso desde el mar, en una noche de verano. Tenía 5 años y había una cola agotadora ante el semáforo. Sufría. Tenía calor, sueño y la arena entre los dedos de mis pies.

Fue un destello, una vez superado el cruce, ver que el tráfico se desparramaba lento y a la vez fluido hacia la rotonda sucesiva. Pregunté por qué no hicieran rotondas en cambio de semáforos. No recuerdo la respuesta, sólo una sensación de “sin sentido” y de absurdo que he encontrado muchas veces en los años. Creo que fue la fuente de inspiración de mi búsqueda. Los procesos de pensamiento de las personas, la iracionalidad, la fluidez con la cual es posible pasar del genio a lo absurdo.

Me molestaba la sinrazón, me molestaba el dolor que provocaba. Entonces estudié psicología en la universidad y me gradué investigando más a fondo la aplicación de las formas artísticas y expresivas en el tratamiento de la psicosis, intentando comprender el origen de la sinrazón donde los procedimientos del pensamiento son explotados y manifestados.

Por lo tanto exploré todas la formas simbólicas con las que las personas, normalmente, representan esos mismos procedimientos.

Mientras que estudiaba y a lo largo de todos los sucesivos años de búsqueda, enseñaba en la piscina.
El agua con sus formas, la liquidez, la rapidez con la que se mueve y cambia su aspecto, eso es, por definición, metáfora de la confusión.

He quitado el miedo al agua, y de hecho, un poco de esa confusión, a millares de personas, convertiendola muy a menudo en un grande amor.

Después de mi grado no seguí en ninguna escuela de posgrado. No encontraba contenidos útiles para mi búsqueda en los caminos obligados que se me planteaban. Quería profundizar y entender cómo se manifestaba, cómo fuera posible traducir ese principio a través el cual la mente se perdía. Seguí mi búsqueda a través de las diferentes formas de expresión, asistí a clases de escritura, de guiones, pintura mural, trompe l’œil, y todas las que ya había practicado a lo largo de mi aprendizaje. Entonces me interesaba entenderlas colocadas en las jerarquías del mundo.

Si ese tipo de estudio estaba dirigido a esa componente existencial de falta de sentido, el viaje era por excelencia, el medio destinado a la búsqueda del sentido de pertenencia.

Por eso empezé a viajar. Viajar es tal y como estudiar, la diferencia es que lo que aprendes viajando no te lo vas a olvidar porque lo has vivido personalmente. Visité Australia, diferentes lugares de Africa, Europa oriental y Mexico, donde viví durante seis meses, y donde asistí a cursos de formación para ayudar la etnía Maya de la región del Chapa, siempre sin dejar el vínculo con el agua.

Entonces, el hilo conductor de mi historia era esa búsqueda de sentido, y la origen del dolor que me provocó la falta de este sentido fue su chispa.

El agua me dio los medios para la exploración y la experimentación, las formas artísticas me ofrecieron los códigos con los cuales se podía expresar el sinsentido, el viaje, en cambio, las declinaciones: otras lógicas, otros códigos, otros lenguajes y símbolos.

Hoy en día, cada vez que se asombra ese sentido de absurdo, ya no hago esfuerzos para resolver el problema, sino percibo el poder de transformación de la realidad que quienquiera puede tener. De hecho, poco a poco todo eso funciona de verdad y el mundo también está buscando su “lógica”, puesto que desde hace algunos años aparecen rotondas donde antes había semáforos.